Ruth, no nos conocemos, pero hace poco, haciendo un certificado de eficiencia energética, un cliente me mencionó la ubicación de la casa de Las Quemadillas. Desde entonces, cada vez que paso por allí, se me ponen los pelos de punta.
No soy ajeno a la lucha por los hijos. Soy padre de dos niñas y, aunque mi historia es distinta, también sé lo que es sentir que el sistema, en ocasiones, no protege a quienes solo quieren estar con sus hijos. He estado en casas de clientes que conocieron de cerca esa tragedia. Uno de ellos estuvo en la vivienda cuando todavía se buscaba a los niños y el padre mantenía su versión, sabiendo el horror que había causado. No puedo imaginar lo que sentiste tú.
Lo que sí sé es que, como padre, no podría seguir viviendo si perdiera a mis hijas. Tú sigues adelante. Eres la mujer más fuerte del mundo. No hay justicia suficiente para quien causa un dolor así, pero sí hay justicia en seguir viviendo, en seguir resistiendo, en demostrar que su maldad no pudo con todo.
Hoy, los hombres que amamos a nuestros hijos pagamos, muchas veces, por lo que hizo ese monstruo. Los jueces y fiscales, ante el miedo de que otro caso como el tuyo se repita, han endurecido posturas, y a veces los inocentes cargamos con culpas que no nos pertenecen. Pero si algo me ha enseñado la vida es que nunca dejaré de luchar por mis hijas, aunque me lo pongan difícil, aunque tenga que llenar las administraciones de escritos y recursos. Porque lo único que un buen padre no puede permitirse es rendirse.
Tú no te rendiste. Ojalá la vida te haya dado algo de paz.
Un abrazo, desde el respeto y la admiración.
Manuel Carmona Jurado,
El Ingeniero de la Subbética.